lunes, noviembre 27, 2006

 

Historias del este (I)

Como persona inquieta que soy, me gusta conocer gente de todas partes. Por ello estoy suscrito a gran cantidad de comunidades y grupos. A través de ellos conozco muchas mujeres con las que mantengo charlas de todo tipo. Un buen día, una chica rusa se puso en contacto conmigo a través de una de esas páginas web de amistades. No me refiero a una web de contactos o de matrimonio entre rusas y el resto del mundo. Me refiero a una web para hacer amigos. Al menos, la mayoría de gente lo utiliza para eso, aunque está lleno de gente de algunos países (básicamente árabes) a los que las mujeres evitan, ya que solo buscan fotos sexys de mujeres. La chica empezó el contacto como una amistad, pero pronto derivó hacia la búsqueda del amor de su vida. Después de un mes de intercambiar varios mensajes cada día y un montón de fotos, la chica decide venir a pasar las vacaciones conmigo.

Fui a recogerla al aeropuerto. Estaba muy nervioso, ya que no sabia como iba a resultar el encuentro. Los últimos mensajes intercambiados habían subido bastante de tono. Incluso llegamos a mandarnos fotos eróticas nuestras. Yo tenia la secreta duda de que no hubiera estado mintiéndome, pero no quería reconocerlo. Y allí estaba yo, plantado en la puerta de llegadas internacionales con un ramo de 12 rosas rojas en la mano y un condón en el bolsillo. Su foto no era necesaria: la tenia memorizada.

Al rato ella salió por la puerta. Vi que las fotos eran reales, pero que no hacían justicia a su belleza. Era rubia, 26 años, ojos verdes, 1,65 y 50 kilos. Guapísima, aunque se la veía un poco cohibida. Se llamaba Oxana. Buscaba algo y me encontró a mí con mis rosas. Entonces, y tal como nos habíamos escrito, ella vino corriendo hacia mí, se lanzó a mis brazos y de dio un beso en los labios que fue la envidia del aeropuerto. Empezó a hablar atropelladamente hasta que le puse un dedo en los labios y le sonreí. Ella se calló y se tranquilizó un poco. Salimos de en medio del paso y nos sentamos en un banco. Yo admiraba su figura bien moldeada, así como el gusto que, en general, tienen las rusas por el vestir. Siempre he dicho que las rusas, sin desmerecer en absoluto a las demás, son las mujeres más guapas del mundo. Llevaba un bonito vestido negro con zapatos a juego. Su largo pelo rubio destacaba con en vestido. Charlamos un rato hasta que dijo tener sed. Me excusé por mi falta de tacto y nos encaminamos hacia el bar.

A medio camino el zapato se enganchó en un hueco del suelo y se rompió el tacón. Casi se cae, pero se abrazó a mi y evitó la caída. Noté sus tetas bien tiesas, y me atrevería a decir que sus pezones. Recogimos el tacón roto y vimos que no tenia arreglo. Le propuse ir a una tienda del aeropuerto a comprar un par de zapatos. Ella decía que no, pero acabó cediendo. Encontramos unos de nuestro gusto en una tienda dónde vendían de todo para la mujer. Se probó los zapatos. Yo la ayudaba arrodillado delante suyo. En uno de sus movimientos pude ver sus muslos y su pubis. Mis ojos quedaron fijos un momento en su coño, cosa que ella detectó. Me sonrió, se mojó los labios y dijo: '¿Lo quieres?'. ¡Menuda pregunta! Pues claro.

'Vamos a mirar ropa - dijo

Pasamos a la sección de ropa, dónde escogió un sugerente top y una minifalda. Fuimos hasta el probador, dónde ella se quitó rápidamente el vestido. Yo le sujetaba la minifalda, pero me cogió la mano y me atrajo hacia ella. Mientras mis manos luchaban por desabrochar su sujetador, ella me había bajado los pantalones y me sacudía la polla. Finalmente conseguí soltar el sujetador, y acaricié sus tetas. Después fui en busca de su tanga. Lo aparte y empecé a tocarle el coño. Ella estaba mojada. Gimió cuando le metí un dedo. La dependienta preguntó si todo iba bien; le contesté que iba de maravilla. Oxana se arrodillo y empezó a comerme la polla. Con una mano se masajeaba el coño, metiéndose de vez en cuando los dedos en el coño. Al poco tiempo yo estaba a punto de explotar. Ella lo notó, porque se sacó la polla de la boca y la sacudió rápidamente sobre sus tetas hasta que me corrí. La leche resbalaba por sus tetas y bajaba por su vientre. Ella empezó a esparcirla con su mano mientras me volvía a chupar la polla para dejarla bien limpia. Yo, que me sentía en deuda, le empecé a comer el coño. Ella se mordía los labios para no gritar. Al rato y con un tremendo estremecimiento, llegó al orgasmo. Fue un orgasmo largo, porque se resistía a tenerlo; quería disfrutarlo al máximo.

Después de eso, se probó la ropa. Le quedaba perfecta y se la compre. Al salir de la tienda me dijo: 'Esto me ha gustado. Nos vamos a pasar todas las vacaciones follando. Vamos a follar en todos los probadores de la ciudad. Estas vacaciones no las vamos a olvidar.'

Para empezar nos encaminamos a su hotel, donde ella canceló directamente su reserva.

-'Si vamos a pasar el día follando, por que no en tu casa?' - dijo

Debo admitir que la lógica era aplastante, pero mi pareja solo sabia que una amiga rusa venia de vacaciones. No era una buena idea presentarme en casa con ella, pero no sabia como evitarlo. Al final cerré los ojos y pensé: 'Que sea lo que Dios quiera'. Fuimos a casa y se la presenté a mi mujer. La acomodamos en la habitación de invitados. Después cenamos y nos contó cosas de su país.

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Comments:
Quiero creer que esta historia continúa no?....
Besos cachondos
 
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