miércoles, noviembre 29, 2006
La clase de yoga
Esta historia la acabamos de imaginar entre Ana y yo. Porque Ana existe. Es una extraordinaria mujer con la que he mantenido charlas muy íntimas.
A raiz de un acto tan simple como acudir tarde a una clase de yoga, hemos desarrollado este relato. Esperamos que os guste.
Ana estaba delante del ordenador. Chateaba con un amigo a muchisimos kilometros de distancia. No era la primera vez que hablaba con esa persona. Habian intercambiado varias conversaciones, incluso habian fantaseado. En ese momento acababan de tener una conversación muy erótica que habia hecho que Ana perdiera la noción del tiempo: habia tenido un orgasmo mientras fantaseaba. Entonces dijo: 'Me voy a clase, que llego tarde. Vuelvo en 40 minutos'. El amigo, que estaba trabajando, se despidió de ella, esperando que pasar los 40 minutos. Ana corrió hacia el local dónde hacía clases de yoga. Se encaminó al vestuario para cambiarse de ropa. Se quitó la blusa y la falda y las colgó en el perchero. Se rozó el clítoris aún enrojecido por el reciente orgasmo. Se puso el body negro y las mallas negras. Las mallas se ajustaban a unas piernas perfectas mientras que el body dibujaba unos senos perfectos. Ana se recogió el pelo en una coleta y se miró un momento al espejo antes de entrar en la clase. Sabia que llegaba tarde y eso al profesor no le gustaba. El profesor se llamaba Alberto. Era alto, de unos 35 años, pelo castaño, ojos azules y un cuerpo bien formado. No era el tipico producto de gimnasio, todo músculo. Más bien era un cuerpo trabajado para estar en forma pero sin estridencias. Al entrar Ana en la clase se la quedó mirando fijamente y le dijo: 'Llegas tarde. Te has perdido los ejercicios de calentamiento.' Ana bajó la mirada. De camino a sus propios pies, sus ojos se posaron un segundo en los pantalones de Alberto. Se adivinaba un pene grande, marcando hacia la izquierda. Ana recordo la conversación que acababa de mantener por messenger y se le humedeció el coño solo de pensar en la polla de Alberto. Ocupó su sitio en la clase y empezó sus ejercicios. Alberto corregia algunas de las posturas indicando cómo debian realizarse. En algunos casos ayudaba a las alumnas a ejecutar correctamente la posición. Cada vez que una alumna recibia ese 'tratamiento', notaba las delicadas manos en su cuerpo y se derretía. La clase se terminó y las alumnas se encaminaron al vestuario. Alberto se dirigió a Ana y le dijo: 'Deberias quedarte un rato más. Has llegado tarde.'
Aunque Ana tenia ganas de volver a chatear con su amigo, no se podia negar a quedarse un rato más para terminar sus ejercicios. Alberto se acercó a ella y le indicó nuevas posiciones de yoga para estirar su cuerpo. Ana siguió sus indicaciones, pero lo hizo mal a propósito para que Alberto se acercara más y la corrigiera. En un determinado ejercicio dónde el cuerpo de Ana debia arquearse hacia atrás, Alberto puso las manos en el pecho de Ana, justo encima de sus tetas para ayudarla. El contacto de las manos con su cuerpo hizo que las hormonas de Ana reaccionaran y volvió a notar como su coño se humedecía. Al recuperar su posición y cómo quien no quiere la cosa, rozó con su mano la polla de Alberto. Notó un miembro grande, pero no erecto. Alberto se quedó sorprendido y Ana le pidió disculpas. En el siguiente ejercicio, el cuerpo de Alberto se pegó a la espalda de Ana, que pudo notar la polla de Alberto, ahora mas erecta, en su espalda. Al acabar el ejercicio, Ana se giró hacia Alberto y le dijo: '¿Porque no probamos las posibilidades que nos ofrece el yoga?'
'No te entiendo'-dijo Alberto
'No te hagas el inocente, que tienes la polla mas tiesa que el palo de una bandera. Ya me has entendido.'- le respondió Ana
Sin esperar la respueste de Alberto, Ana dirigió su mano hacia el pantalon y empezó a tocarle la polla. La verdad es que Alberto estaba bien dotado. En un momento le bajó los pantalones (no llevaba nada mas) y empezó a sacudirle la polla. Alberto miraba incredulo la escena, pero sus hormonas podian más que su cabeza y se dejó llevar por la situación. Bajó sus manos hasta los pechos de Ana y empezó a acariciarlos. La polla de Alberto habia llegado a su punto culminante y Ana la podia agarrar con las dos manos. Lentamente la acercó a su cara y, con la punta de la lengua, empezó a lamerle el glande. Las manos de Alberto habian conseguido meterse dentro del body y habian llegado a los pechos de Ana. Los pezones estaba duros. Ana se quitó el body, las mallas y la ropa interior, quedando como Dios la trajo al mundo delante de Alberto. Entonces Alberto se tumbó en el suelo con la polla apuntando al techo. Ana se colocó lentamente encima de él con su coño abierto y lo acercó a su boca. La lengua de Alberto empezó a lamer el clítoris de Ana, pero lo hizo demasiado deprisa, para el gusto de Ana, y esta se apartó: 'Despacio', le dijo. 'No tengas prisa' y volvió a acercar su coño a la cara de Alberto. El coño de Ana es precioso: totalmente depilado, con un tono oscuro en el centro y un clítoris para comérselo.
Alberto volvió a lamerle el clítoris, pero ahora lo hizó más lentamente. De vez en cuando pasaba la lengua por la entrada del coño de Ana, para volver seguidamente al clítoris. Ana volvió a la polla de Alberto y empezó a chuparla muy suavemente. Pasaba la lengua arriba y abajo. Sin previo aviso, se metia la polla en la boca y se la succionaba. Alberto se estremecia cada vez que Ana hacia eso. Hicieron un 69 muy lentamente.
Al rato Ana se levantó y cambió su posición. Se situó encima de la polla de Alberto y bajó lentamente hasta encajar la punta en su coño. La introdujo sólo unos centimetros. Después se la fué introduciendo muy lentamente en su interior. Cuando llegó al final, volvió a subir muy lentamente hasta sacarla de su coño. Alberto le rogó que no saliera, pero Ana estaba encima y controlaba la situación. Repitió el movimiento varias veces y Alberto estaba cada vez más excitado. Cada vez que la sacabe del coño, Ana aprovechaba para sacudirla con fuerza. Finalmente se dejó caer con fuerza encima de su polla y empezó a cabalgarle. Ana estaba agachada sobre Alberto, y el único contacto que tenian era a traves de sus sexos. Ni las manos, ni ninguna otra parte de su cuerpo se tocaban.
Alberto queria cambiar de posición y Ana aceptó. Se tumbó en el suelo con las piernas separadas ofreciendole su coño abiereto con dos dedos. Alberto la penetro con energia. Ana gimió cuando su glande le llegó al rincon más alejado de su coño. Alberto la folló con pasión mientras Ana se tocaba las tetas y se tiraba de los pezones. Le dijo a Alberto que no corriera tanto, que tenian tiempo de sobras. Y Alberto bajó el ritmo.
Ahora es Ana quien quiere cambiar de posición. Coge una silla y sienta en ella a Alberto. Se coloca de cara a él y procede a introducirse la polla en el coño. Pero esa posición enseguida la quiere cambiar, y se da la vuelta, dándole la espalda a Alberto y permitiendo que este le acaricie las nalgas mientras la penetra. Ana vuelve a tener el control de la situación y manda en el ritmo. Será como ella quiera y sólo dejará correrse a Alberto cuando ella lo desee. Oye que la respiración de Alberto se acelera al mismo ritmo que sus movientos, asi que se pone una mano rapidamente en el coño y se frota el clitoris con vigor. Cuando Alberto se corre, ella llega al orgasmo. Su coño esta lleno de la leche de Alberto. Tiene aún la mano en el coño y nota como la leche resbala por la polla de Alberto saliendo de su coño. Sus dedos mezclan los flujos de los dos mientras los espasmos van remitiendo.
¡Que suerte haber llegado tarde a la clase!, piensa Ana. Algun dia tengo que repetirlo. Alberto no sabe que cara poner, ha llegado a un anticlímax y no sabe cómo reaccionar. ¿Con que cara voy a mirarla yo mañana?, piensa.
Ana se levanta, se va al vestuario y se cambia. Dos orgasmos en una hora, no esta nada mal. Vuelve a casa, conecta el messenger y mira si estoy conectado. Lo estoy y me cuenta toda la historia. Nos ponemos muy calientes y Ana se masturba hasta lograr su tercer orgasmo del dia.
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Como decía, esta historia la hemos inventado Ana y yo. La verdad es que estaba charlando conmigo y llegó tarde a la clase, pero el castigo sólo consistió en quedarse a hacer algún ejercicio (no sexual) más. Pero nos hemos divertido mucho imaginando esto. Esperamos que os guste.
Un beso excitante, lascivo, húmedo, ardiente y cachondo para tod@s.
Ana y luego-te-cuento
A raiz de un acto tan simple como acudir tarde a una clase de yoga, hemos desarrollado este relato. Esperamos que os guste.
Ana estaba delante del ordenador. Chateaba con un amigo a muchisimos kilometros de distancia. No era la primera vez que hablaba con esa persona. Habian intercambiado varias conversaciones, incluso habian fantaseado. En ese momento acababan de tener una conversación muy erótica que habia hecho que Ana perdiera la noción del tiempo: habia tenido un orgasmo mientras fantaseaba. Entonces dijo: 'Me voy a clase, que llego tarde. Vuelvo en 40 minutos'. El amigo, que estaba trabajando, se despidió de ella, esperando que pasar los 40 minutos. Ana corrió hacia el local dónde hacía clases de yoga. Se encaminó al vestuario para cambiarse de ropa. Se quitó la blusa y la falda y las colgó en el perchero. Se rozó el clítoris aún enrojecido por el reciente orgasmo. Se puso el body negro y las mallas negras. Las mallas se ajustaban a unas piernas perfectas mientras que el body dibujaba unos senos perfectos. Ana se recogió el pelo en una coleta y se miró un momento al espejo antes de entrar en la clase. Sabia que llegaba tarde y eso al profesor no le gustaba. El profesor se llamaba Alberto. Era alto, de unos 35 años, pelo castaño, ojos azules y un cuerpo bien formado. No era el tipico producto de gimnasio, todo músculo. Más bien era un cuerpo trabajado para estar en forma pero sin estridencias. Al entrar Ana en la clase se la quedó mirando fijamente y le dijo: 'Llegas tarde. Te has perdido los ejercicios de calentamiento.' Ana bajó la mirada. De camino a sus propios pies, sus ojos se posaron un segundo en los pantalones de Alberto. Se adivinaba un pene grande, marcando hacia la izquierda. Ana recordo la conversación que acababa de mantener por messenger y se le humedeció el coño solo de pensar en la polla de Alberto. Ocupó su sitio en la clase y empezó sus ejercicios. Alberto corregia algunas de las posturas indicando cómo debian realizarse. En algunos casos ayudaba a las alumnas a ejecutar correctamente la posición. Cada vez que una alumna recibia ese 'tratamiento', notaba las delicadas manos en su cuerpo y se derretía. La clase se terminó y las alumnas se encaminaron al vestuario. Alberto se dirigió a Ana y le dijo: 'Deberias quedarte un rato más. Has llegado tarde.'
Aunque Ana tenia ganas de volver a chatear con su amigo, no se podia negar a quedarse un rato más para terminar sus ejercicios. Alberto se acercó a ella y le indicó nuevas posiciones de yoga para estirar su cuerpo. Ana siguió sus indicaciones, pero lo hizo mal a propósito para que Alberto se acercara más y la corrigiera. En un determinado ejercicio dónde el cuerpo de Ana debia arquearse hacia atrás, Alberto puso las manos en el pecho de Ana, justo encima de sus tetas para ayudarla. El contacto de las manos con su cuerpo hizo que las hormonas de Ana reaccionaran y volvió a notar como su coño se humedecía. Al recuperar su posición y cómo quien no quiere la cosa, rozó con su mano la polla de Alberto. Notó un miembro grande, pero no erecto. Alberto se quedó sorprendido y Ana le pidió disculpas. En el siguiente ejercicio, el cuerpo de Alberto se pegó a la espalda de Ana, que pudo notar la polla de Alberto, ahora mas erecta, en su espalda. Al acabar el ejercicio, Ana se giró hacia Alberto y le dijo: '¿Porque no probamos las posibilidades que nos ofrece el yoga?'
'No te entiendo'-dijo Alberto
'No te hagas el inocente, que tienes la polla mas tiesa que el palo de una bandera. Ya me has entendido.'- le respondió Ana
Sin esperar la respueste de Alberto, Ana dirigió su mano hacia el pantalon y empezó a tocarle la polla. La verdad es que Alberto estaba bien dotado. En un momento le bajó los pantalones (no llevaba nada mas) y empezó a sacudirle la polla. Alberto miraba incredulo la escena, pero sus hormonas podian más que su cabeza y se dejó llevar por la situación. Bajó sus manos hasta los pechos de Ana y empezó a acariciarlos. La polla de Alberto habia llegado a su punto culminante y Ana la podia agarrar con las dos manos. Lentamente la acercó a su cara y, con la punta de la lengua, empezó a lamerle el glande. Las manos de Alberto habian conseguido meterse dentro del body y habian llegado a los pechos de Ana. Los pezones estaba duros. Ana se quitó el body, las mallas y la ropa interior, quedando como Dios la trajo al mundo delante de Alberto. Entonces Alberto se tumbó en el suelo con la polla apuntando al techo. Ana se colocó lentamente encima de él con su coño abierto y lo acercó a su boca. La lengua de Alberto empezó a lamer el clítoris de Ana, pero lo hizo demasiado deprisa, para el gusto de Ana, y esta se apartó: 'Despacio', le dijo. 'No tengas prisa' y volvió a acercar su coño a la cara de Alberto. El coño de Ana es precioso: totalmente depilado, con un tono oscuro en el centro y un clítoris para comérselo.
Alberto volvió a lamerle el clítoris, pero ahora lo hizó más lentamente. De vez en cuando pasaba la lengua por la entrada del coño de Ana, para volver seguidamente al clítoris. Ana volvió a la polla de Alberto y empezó a chuparla muy suavemente. Pasaba la lengua arriba y abajo. Sin previo aviso, se metia la polla en la boca y se la succionaba. Alberto se estremecia cada vez que Ana hacia eso. Hicieron un 69 muy lentamente.
Al rato Ana se levantó y cambió su posición. Se situó encima de la polla de Alberto y bajó lentamente hasta encajar la punta en su coño. La introdujo sólo unos centimetros. Después se la fué introduciendo muy lentamente en su interior. Cuando llegó al final, volvió a subir muy lentamente hasta sacarla de su coño. Alberto le rogó que no saliera, pero Ana estaba encima y controlaba la situación. Repitió el movimiento varias veces y Alberto estaba cada vez más excitado. Cada vez que la sacabe del coño, Ana aprovechaba para sacudirla con fuerza. Finalmente se dejó caer con fuerza encima de su polla y empezó a cabalgarle. Ana estaba agachada sobre Alberto, y el único contacto que tenian era a traves de sus sexos. Ni las manos, ni ninguna otra parte de su cuerpo se tocaban.
Alberto queria cambiar de posición y Ana aceptó. Se tumbó en el suelo con las piernas separadas ofreciendole su coño abiereto con dos dedos. Alberto la penetro con energia. Ana gimió cuando su glande le llegó al rincon más alejado de su coño. Alberto la folló con pasión mientras Ana se tocaba las tetas y se tiraba de los pezones. Le dijo a Alberto que no corriera tanto, que tenian tiempo de sobras. Y Alberto bajó el ritmo.
Ahora es Ana quien quiere cambiar de posición. Coge una silla y sienta en ella a Alberto. Se coloca de cara a él y procede a introducirse la polla en el coño. Pero esa posición enseguida la quiere cambiar, y se da la vuelta, dándole la espalda a Alberto y permitiendo que este le acaricie las nalgas mientras la penetra. Ana vuelve a tener el control de la situación y manda en el ritmo. Será como ella quiera y sólo dejará correrse a Alberto cuando ella lo desee. Oye que la respiración de Alberto se acelera al mismo ritmo que sus movientos, asi que se pone una mano rapidamente en el coño y se frota el clitoris con vigor. Cuando Alberto se corre, ella llega al orgasmo. Su coño esta lleno de la leche de Alberto. Tiene aún la mano en el coño y nota como la leche resbala por la polla de Alberto saliendo de su coño. Sus dedos mezclan los flujos de los dos mientras los espasmos van remitiendo.
¡Que suerte haber llegado tarde a la clase!, piensa Ana. Algun dia tengo que repetirlo. Alberto no sabe que cara poner, ha llegado a un anticlímax y no sabe cómo reaccionar. ¿Con que cara voy a mirarla yo mañana?, piensa.
Ana se levanta, se va al vestuario y se cambia. Dos orgasmos en una hora, no esta nada mal. Vuelve a casa, conecta el messenger y mira si estoy conectado. Lo estoy y me cuenta toda la historia. Nos ponemos muy calientes y Ana se masturba hasta lograr su tercer orgasmo del dia.
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Como decía, esta historia la hemos inventado Ana y yo. La verdad es que estaba charlando conmigo y llegó tarde a la clase, pero el castigo sólo consistió en quedarse a hacer algún ejercicio (no sexual) más. Pero nos hemos divertido mucho imaginando esto. Esperamos que os guste.
Un beso excitante, lascivo, húmedo, ardiente y cachondo para tod@s.
Ana y luego-te-cuento
Etiquetas: sexo
Comments:
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Envidiable la imaginación de ustedes dos... me he puesto más que cachonda con esta historia que bien podría haber sido real...
Besos ... para los dos
Besos ... para los dos
hola enhorabuena por tu blogg me ha gustado mucho tiene ritmo es habierto y multidisciplinar me gusta tal vez te postee algunas de mis historias ,las tuyas estan muy bién te invito a visitar mi web http://naturline.eu/
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