miércoles, enero 30, 2008

 

Visita comercial

Hace poco tiempo que tengo el trabajo, pero me está reportando grandes satisfacciones. No tanto económicas como de otra índole. Me explico: soy vendedor de lencería. Y yo, que soy un apasionado de esas cosas, pues estoy encantado. Siempre puedo tener un detalle con las mujeres, tirando de muestrario, claro.

La semana pasada estuve de viaje con la nueva colección. Recorrí medio país con mi maleta llena de bodys, tangas, medias y otros artículos de esos que a las mujeres les gustan y a los hombres calientan. La historia sucedió en una tienda de una gran ciudad. Llegué a eso de las 11 de la mañana. Había 3 clientes y 1 dependienta. Esperé pacientemente a que los clientes terminaran sus compras fijándome en la dependienta. Era una morena de ojos marrones. Debía medir 1,70 y rondaba los 30 años. Cuando los clientes se fueron pregunté por la jefa, que resultó ser ella, la 'dependienta'. Su nombre era Eva. Me presenté y le dije lo que vendía. Me comentó que le interesaba, pero que debería convencerla. Salió de detrás del mostrador, se dirigió a la puerta y cerró con llave. Le pregunté porque cerraba y me contestó que tenia por costumbre probar el genero antes de comprar.

'Bueno', me dije, 'esto puede ser interesante'. Abrí la maleta con el género. Paralelamente ella abrió su bata. A la vista quedó un conjunto de lencería de la competencia. 'Supera esto', me dijo. Francamente el listón estaba alto. No tanto por el articulo que llevaba, sino por lo bien que lo llevaba. Parecía diseñado sobre su cuerpo. Un cuerpo perfecto. Las tetas, semiescondidas bajo un sujetador de blondas tipo balcón, eran de las que no abundan: grandes sin estridencias, firmes y simétricas. Su vientre era liso, atravesado por el liguero blanco que sujetaba las medias, también blancas. Un minúsculo tanga blanco enmarcaba un coño, en principio, bastante depilado. Zapatos de tacón completaban su atuendo.

Yo intenté actuar con normalidad, pero estaba muy nervioso. Ella me dijo: 'Tu tranquilo, esto lo hago siempre'. Empecé a sacar artículos, que ella estudiaba con profesionalidad. Algunos de ellos los iba dejando aparte. Cuando acabé mi exposición, estaba muy caliente. Ella cogió los artículos que había separado y dijo: 'Vamos a probar'. Se desnudó en un instante, dejando ver que su coño no estaba depilado: estaba totalmente rasurado. Mi excitación crecía. Eva escogió un sensual body con el pubis abierto, liguero y medias, todo ello rojo pasión. Como el body llevaba corchetes en la parte trasera, me pidió que se lo abrochara. Estaba tan nervioso que tuve que realizar varios intentos antes de conseguirlo.

Mi polla empezaba a mostrarse inquieta y mi cabeza luchaba contra el deseo de arrodillarme y comerle el coño al instante. Ella se miró al espejo y, de reojo, vio mi lucha interior, aunque creo que le llamo la atención que yo me colocara bien la polla. Se giró y me dijo: '¿Te ayudo?'. Ni siquiera esperó mi respuesta, se arrodilló delante de mi, me desabrochó el pantalón, bajó mis bóxer y mi polla saltó disparada. Eva se encontró con algo inesperado, puesto que no contaba con una polla tan grande. Eva empezó a lamerme lentamente, con lo que consiguió que empezara a crecer hasta llegar a su máximo esplendor: unos 28 cm. con un diámetro de 7 cm. Se notaba que había probado muchas, y de todos los tamaños. Luchaba por tragarse tanta polla como podía, pero 28 cm. son muy largos. Así pues, se metió un buen trozo, quedándole aun el suficiente fuera como para agarrarla y sacudirla con firmeza. La otra mano la tenia ocupada frotándose el coño.

Me pareció poco cortés que ella hiciera todo el trabajo, por lo que nos lanzamos a un 69 frenético. Ella se corrió en mi boca en medio de un espasmo brutal. Por un momento pensé que me quedaba sin polla, por lo fuerte que me apretó al correrse. Yo no dejé de lamerle, hasta que conseguí un segundo orgasmo. Ella aumentó el ritmo de succión intentando igualar el marcador. Le solté mi leche dentro de su boca. Ella seguía chupando, como si creyera que los hombres pueden tener 2 orgasmos consecutivos. Yo tenia muchas dudas al respecto, pero ella se encargó de disiparlas: consiguió mi segundo orgasmo, equilibrando el marcador.

Después de eso, se levantó y dijo: 'El body es cómodo a la hora del 69. Me lo quedo, pero me gustaría ver como aguanta los polvos'. Me quedé inmóvil intentando digerir el hecho de que hubiera utilizado el plural. ¿De veras pensaba sacarme más de otro orgasmo? Yo me notaba exprimido, pero ella esperó unos minutos antes de volver a la carga.

Empezó por besarme la polla suavemente. Noté que esta reaccionaba al tratamiento y empezaba a recuperar su grosor. Cuando se la metió en el coño, diría que estaba a un 70% de su capacidad. Empezó con un lento movimiento arriba y abajo. Poco a poco aumentó el ritmo, consciente de que mi polla iba recuperando el vigor. En un determinado momento cambiamos de posición, al ponerse ella a cuatro patas y ofrecerme que la follara por detrás. No me hice rogar y se la metí hasta que no cabía ni un centímetro más. Eva gemía de placer cuando mi glande llegaba al final de sus entrañas. En ese momento sonó el teléfono, que estaba en la mesa dónde se recostaba Eva. Ella lo cogió y la conversación me sorprendió: 'Hola querido...si...si...estoy con un vendedor...no...si...me lo estoy follando...si...bien...un beso...si, hasta ahora...por la puerta de atrás'. Y colgó. Estaba aterrorizado: pensaba que su pareja entraría en cualquier momento y me mataría. Mi erección decayó unos segundos, pero Eva se encargó de reanimarla. Para que me tranquilizara cambiamos de posición, pasando ella a montarme. Sus movimientos eran rítmicos, consiguiendo que el goce fuera mutuo.

Entonces oí un ruido, y noté como alguien entraba en la habitación. Al cabo de unos segundos apareció su marido, ya desnudo y con una tremenda erección. Su polla era de un tamaño parecido al mío. Dijo: '¡Que puta eres! Y como sabes que me excita' y metió su gran polla en la boca de su mujer. Apenas le cabía dentro. Ella la sacudía con fuerza mientras me cabalgaba. Cuando su marido ya la tenia durísima, decidió que quería darle por el culo, por lo que se acerco a ella por detrás y le empezó a introducir su gran polla en el culo. Yo no podía verlo, pero tenia serias dudas de que ese culo pudiera albergar tanta polla. Pero mis dudas se disiparon al ver la cara que ponía ella cuando notaba que la polla iba entrando, centímetro a centímetro en su culo. Cuando la tenia toda dentro, Eva empezó a moverse de tal forma que las dos pollas entraban y salían al mismo ritmo. Ella gemía de placer: dos pollas de 28 cm. solo para ella, ¿qué más podía pedir? Pues una gran corrida a dos pollas.

Cuando su marido y yo íbamos a corrernos, nos dijo que quería toda nuestra leche en la boca. Así que nos empezó a chupar las pollas hasta que consiguió llenarse la cara de leche. Nos lamió hasta la última gota y después me compró casi todo lo que le enseñé.

Fue una gran venta. Ya os digo yo que este trabajo me reporta grandes satisfacciones.

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