viernes, enero 26, 2007
Epoca de presupuestos
Ahora soy un jefe de área de una importante empresa. Mi trabajo requiere de un filtro ante la cantidad de llamadas y gente que quiere ponerse en contacto conmigo. Para ello mi empresa me propuso contratar un assistent manager. Yo tenia claro que necesitaba una persona con carácter, nada de cabras locas. Pensaba en una mujer de mas de 30 años: ordenada, seria y rigurosa. Además, y ya que yo debía tener la última palabra, pues que fuera guapa.
Pasaron varias candidatas por mi despacho. Unas eran demasiado jóvenes (aunque bonitas), otras no tenían el suficiente carácter. Una incluso me ofreció sexo a cambio del trabajo. Cuando ya creía que no la encontraría, apareció ella. Debía medir 1,65 y pesaría sobre los 60 kilos. Se llamaba Ana. Su presencia destilaba seguridad. Enseguida vi que era la persona que buscaba y, consiguientemente, se ganó el puesto. Resultó ser casi de mi misma edad, por lo que rápidamente nos entendimos en cuanto a lo que yo solicitaba en el trabajo.
La verdad es que llevaba el filtro de gente de forma impecable. Realizaba una gran tarea y me ayudaba mucho en mi trabajo. Y además guapa. Nuestra relación era estrictamente profesional..... hasta el día que cruzó ese umbral.
Fue un día durante en periodo de confección de presupuestos. Ese día en concreto habíamos acabado y estábamos particularmente satisfechos, casi podríamos decir que contentos. Le propuse a Ana ir a tomar algo. Ella declinó la oferta cerrando la puerta de mi despacho. Se acercó a mí y me puso las manos en mis hombros, empezando un suave masaje. Era la primera vez que hacia algo así. Bajó su cabeza y me susurró: 'Nos hemos ganado un premio' y empezó a mordisquearme la oreja mientras sus manos se metían dentro de mi camisa y acariciaban mi pecho. Me besó y empezó a decirme lo que me deseaba. No sabia practicamente nada de su vida personal.
'Esto no lo vas a olvidar jamás' dijo. Se arrodilló delante de mí y me desabrochó el pantalón liberando mi polla. Inmediatamente la metió en su boca y empezó a chuparla. Ana se había quitado la blusa y yo podía ver sus tetas. Empecé a tocarlas por encima del sujetador. Rápidamente se lo quité. Sus pezones estaban duros. Ella se subió la falda, dejando a la vista un pubis depilado, solo cubierto por un minúsculo tanga. Se pasó la mano y aparto la tira para tocarse el coño. Con dos dedos empezó a frotarse el clítoris. Mi polla crecía por momentos en su boca. Ella la metía toda en su boca para ir sacándola lentamente. Entonces la recorría con la lengua de abajo a arriba para volver a meterla en la boca. Y todo eso sin dejar de sacudirla. De vez en cuando sacaba los dedos de su coño y me los metía en la boca para que los saboreara.
Cuando los dos estábamos muy calientes, nos dispusimos a follar. Ana se tumbo encima de la mesa con las piernas abiertas y me ofreció su coño totalmente rasurado. Primero le froté el clítoris suavemente para, después, meterle primero un dedo y luego dos en su coño. Estaba húmedo, caliente y muy abierto, mis dedos se deslizaban con facilidad. Entonces ella dijo: 'Métemela, necesito que me folles. Lo he estado esperando desde el primer día'. Yo obedecí y le metí lentamente toda mi polla en su coño. Ana gemía con cada centímetro mientras se tocaba las tetas. Sus ojos estaban entornados mientras disfrutaba del momento. Entonces retiré la polla y ella se quejó: 'No salgas ahora, fóllame'. Volví a penetrarla hasta el fondo y volví a salir. Ella estaba muy excitada y solo pedía que no parara de follarla. Decidí complacerla y follarla salvajemente. Mi ritmo aumentó y ella emitía un grito cada vez que mi polla llegaba al fondo de su coño.
Le dije que me iba a correr y ella empezó a tocarse el clítoris. Saqué mi polla y me corrí encima de su coño mientras Ana se corría.
Lamentablemente habíamos follado encima de la mesa, y los presupuestos que tanto nos habían costado olían a sexo. Tuvimos que volverlos a imprimir y encuadernar. Un precio muy bajo para un polvo tan glorioso.
Pasaron varias candidatas por mi despacho. Unas eran demasiado jóvenes (aunque bonitas), otras no tenían el suficiente carácter. Una incluso me ofreció sexo a cambio del trabajo. Cuando ya creía que no la encontraría, apareció ella. Debía medir 1,65 y pesaría sobre los 60 kilos. Se llamaba Ana. Su presencia destilaba seguridad. Enseguida vi que era la persona que buscaba y, consiguientemente, se ganó el puesto. Resultó ser casi de mi misma edad, por lo que rápidamente nos entendimos en cuanto a lo que yo solicitaba en el trabajo.
La verdad es que llevaba el filtro de gente de forma impecable. Realizaba una gran tarea y me ayudaba mucho en mi trabajo. Y además guapa. Nuestra relación era estrictamente profesional..... hasta el día que cruzó ese umbral.
Fue un día durante en periodo de confección de presupuestos. Ese día en concreto habíamos acabado y estábamos particularmente satisfechos, casi podríamos decir que contentos. Le propuse a Ana ir a tomar algo. Ella declinó la oferta cerrando la puerta de mi despacho. Se acercó a mí y me puso las manos en mis hombros, empezando un suave masaje. Era la primera vez que hacia algo así. Bajó su cabeza y me susurró: 'Nos hemos ganado un premio' y empezó a mordisquearme la oreja mientras sus manos se metían dentro de mi camisa y acariciaban mi pecho. Me besó y empezó a decirme lo que me deseaba. No sabia practicamente nada de su vida personal.
'Esto no lo vas a olvidar jamás' dijo. Se arrodilló delante de mí y me desabrochó el pantalón liberando mi polla. Inmediatamente la metió en su boca y empezó a chuparla. Ana se había quitado la blusa y yo podía ver sus tetas. Empecé a tocarlas por encima del sujetador. Rápidamente se lo quité. Sus pezones estaban duros. Ella se subió la falda, dejando a la vista un pubis depilado, solo cubierto por un minúsculo tanga. Se pasó la mano y aparto la tira para tocarse el coño. Con dos dedos empezó a frotarse el clítoris. Mi polla crecía por momentos en su boca. Ella la metía toda en su boca para ir sacándola lentamente. Entonces la recorría con la lengua de abajo a arriba para volver a meterla en la boca. Y todo eso sin dejar de sacudirla. De vez en cuando sacaba los dedos de su coño y me los metía en la boca para que los saboreara.
Cuando los dos estábamos muy calientes, nos dispusimos a follar. Ana se tumbo encima de la mesa con las piernas abiertas y me ofreció su coño totalmente rasurado. Primero le froté el clítoris suavemente para, después, meterle primero un dedo y luego dos en su coño. Estaba húmedo, caliente y muy abierto, mis dedos se deslizaban con facilidad. Entonces ella dijo: 'Métemela, necesito que me folles. Lo he estado esperando desde el primer día'. Yo obedecí y le metí lentamente toda mi polla en su coño. Ana gemía con cada centímetro mientras se tocaba las tetas. Sus ojos estaban entornados mientras disfrutaba del momento. Entonces retiré la polla y ella se quejó: 'No salgas ahora, fóllame'. Volví a penetrarla hasta el fondo y volví a salir. Ella estaba muy excitada y solo pedía que no parara de follarla. Decidí complacerla y follarla salvajemente. Mi ritmo aumentó y ella emitía un grito cada vez que mi polla llegaba al fondo de su coño.
Le dije que me iba a correr y ella empezó a tocarse el clítoris. Saqué mi polla y me corrí encima de su coño mientras Ana se corría.
Lamentablemente habíamos follado encima de la mesa, y los presupuestos que tanto nos habían costado olían a sexo. Tuvimos que volverlos a imprimir y encuadernar. Un precio muy bajo para un polvo tan glorioso.
Etiquetas: sexo
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¿Hai alguna posibilidad de conseguir empleo en tu oficina? Me gusta mucho el buen ambiente que hay, yo podría ser una buena secretaria...
Marta y Lara: en cuanto necesite contratar 2 secretarias, sois las primeras de la lista.
Un beso (húmedo, por supuesto) para las 2.
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